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Primitivamente
era llamado monte de Saturno, que
era la principal divinidad de Roma.
En una de las cimas, pues consta de
dos, se erigía en lo que se cree fue
anteriormente un templo etrusco
dedicado a Veiovis, un templo
dedicado a la Tríada Capitolina
compuesta por
Júpiter-Saturno-Minerva (tras la
influencia etrusca dado que antes
estaba dedicado a
Júpiter-Marte-Quirino). La
edificación fue destruida y
posteriormente reconstruida en
varias ocasiones, siendo la primera
bajo el reinado de Lucio Tarquino
Prisco y la última obra de Tito y
Domiciano. Del templo etrusco de
Veiovis, una especie de Júpiter
infernal, se conservaban la estatua
y algunos restos.
En la otra cima, conocida como Arx,
había un templo dedicado a Juno
Moneta y la depresión intermedia era
el lugar en el que la leyenda
situaba el refugio original
construido por Rómulo. Había también
otros templos y lugares importantes
en la colina, como el lugar donde se
guardaban los archivos y conocido
como Tabularium (del que se conserva
los cimientos y que fueconstruido
por Lucio Cornelio Sila hacía el 82
adC), altares de la gens Julia o la
prisión de Tullianum.
La Colina Capitolina está también
unida a la historia siniestra de
Roma. En ella se encontraba el
peñasco desde el que, según la
leyenda, durante la guerra con los
sabinos, arrojaron a la virgen
vestal Tarpeya, hija de Espurio
Tarpeyo y que colaboró con Tito
Tacio para que los sabinos entraran
en la ciudad, siendo la primera
persona que pagaba el crimen de
traición siendo arrojada por el
peñasco y cayendo a las escarpadas
rocas que había abajo, con lo que
dio dando nombre al lugar, conocido
en adelante como Roca Tarpeya.
El conjunto estaba amurallado,
constituyendo una pequeña ciudadela
que, en el 387 a.C, sirvió de
refugio ante la invasión de de los
galos celtas. De hecho, el propio
Bruto y otros de los que tomaron
parte en el asesinato de Julio Cesar
se refugiaron dentro del templo de
Júpiter Optimus Maximus de la
colina, a la que el propio Julio
Cesar había acudido de rodillas seis
meses antes como muestra de sumisión
a Júpiter tras sufrir un accidente
durante la celebración de su Triunfo
y que se entendió como un presagio
de que el dios no aprobaba sus
acciones en la guerra civil. En la
misma cima donde se encontraba el
templo de Juno Moneta se levantó
durante la edad media la iglesia de
Santa Maria de Ara Coeli, en cuya
base se encentran los restos de una
ínsula romana, de la que se pueden
apreciar desde la calle cuatro de
las tiendas que la ocuparon. En esta
época el carácter sagrado de la
Colina Capitolina se pierde a favor
de las nuevas funciones de carácter
político y centro de gobierno de
Roma, que revive como comuna en el
siglo XI y donde se establece la
sede del nuevo senado en 1144. La
ciudad se hallaba poco después bajo
la completa dominación del papado, y
la Colina Capitolina fue escenario
en varias ocasiones de la
resistencia de los ciudadanos, como
la reinstauración de la república
por Cola di Rienzo. Para el siglo
XVI la plaza del capitolio ya se
encontraba rodeada de los edificios
hoy conocidos. A instancias del Papa
Pablo III se lleva a cabo una
profunda reforma planificada por
Miguel Ángel Buonarroti, uno de los
mayores genios del Renacimiento. La
reforma se inició porque el Papa
quería impresionar a Carlos V,
emperador del Sacro Imperio Romano,
que iba a visitar la ciudad en 1538.
Si bien los proyectos y las obras
comenzaron en 1536 no terminarían
hasta muchos años después, en el
siglo XVII. La plaza del Campidoglio
fue orientada hacia la basílica de
San Pedro, cambiando su orientación
original al Foro y cargando así de
nuevo simbolismo a la plaza, que
ahora parecía reconocer en la
Iglesia a la máxima autoridad de
Roma. En su centro se encuentra hoy
día una reproducción de la Estatua
ecuestre de Marco Aurelio.
En torno a la plaza del Campidoglio
se dispuso la construcción el
Palacio de los Conservadores y el
Museo Capitolino, así como también
el Palacio del Senado, este sobre
las ruinas del Tabularium, dando al
conjunto una uniformidad
constructiva acorde con la
monumentalidad propia de la antigua
Roma.
También se construyeron unas nuevas
escaleras de acceso, conocidas como
Cordonata y que permitía el acceso a
la plaza a caballo.
Bajo la balaustrada se instalaron
las estatuas de Cástor y Pólux, de
las que hoy en día hay
reproducciones
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